En medio de una discusión, el padre cogió un objeto punzante y asestó dos puñaladas al hijo, que le causaron la muerte.
Según fuentes próximas al caso, padre e hijo sufrían trastornos psicológicos y las peleas eran constantes entre ellos.
En este sentido, vecinos de la familia precisaron que el hijo tenía problemas con el alcohol y que cuando bebía solía mostrarse agresivo, situación que acabó afectando al padre, que estaba en tratamiento psicológico por este motivo.
Tras cometer el crimen, el padre se acercó a la casa de unos vecinos, a los que espetó: "ya no he podido más" y "he perdido lo que más quería".
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